Parece que un otorrino determine que el oído es lo más importante es algo que suele ser normal, parece un caso más de “deformación profesional”. Cada especialista insiste en defender que su campo de conocimiento es el más relevante. Y la terapia de la escucha del Doctor Tomatis, quizás nos suene a uno más. Es la permanente tentación de reducir todo a un campo donde el teórico que nos habla es especialista.

Por esta razón queremos presentar con humildad nuestro método, o este en el que, desde una experiencia personal, hemos encontrado soluciones a una búsqueda que desde otras terapias y experiencias son difíciles de abordar. No queremos reafirmarnos en que poseemos las llaves o la única vía posible para solucionar distintos trastornos, sino que además de ser una alternativa entre otras es la que a nosotros particularmente nos ha funcionado, y donde la experiencia terapéutica nos está mostrando que da resultados

Todos los que utilizamos este método partimos de una experiencia personal, hemos vivenciado de una manera profunda como ha sanado o ayudado a familiares y amigos, y por supuesto a nosotros mismos. Entendemos que la persona y los distintos trastornos con los que nos enfrentamos se deben abordar de una manera multidisciplinar. Es difícil encontrar soluciones milagrosas y definitivas, y la cura o la solución normalmente la encontramos desde distintos enfoques. Eso si, para nosotros la terapia Tomatis ha sido radicalmente beneficiosa y ha solucionado de forma determinante lo que otras no han podido.

Tanto desde la perspectiva biográfica del doctor Tomatis como de otros terapeutas, el oído en un principio se entiende como un instrumento puramente mecánico para recoger la información acústica, como pueden ser las papilas gustativas, la pituitaria del olfato, las terminales nerviosas del tacto o los “bastoncillos oculares”. Pero en la medida que se estudia aparecen facetas y funciones que van más allá.

El oído frente a otras terminaciones nerviosas que recopilan información del exterior tiene una serie de características que le hacen que sea un órgano único, y con atribuciones que nos permiten trabajar sobre él, obteniendo resultados.

Así es el primer órgano sensitivo que se crea en el embrión humano, posiblemente porque el oído interno está incrustado en el cráneo, así el vestíbulo o la coclea son formaciones óseas, en el hueso parietal. Esto le hace ser el primeo en percibir, y en interrelacionar con el medio, ya desde el seno materno. Son llamativos los reflejos en los recién nacidos cuando son capaces de distinguir la voz materna entre otras.

El oído, además de percibir lo acústico, tiene más funciones.

El oído, además de percibir lo acústico, tiene más funciones. Ahí tenemos al vestíbulo, o los canales semicirculares del oído interno que son los encargados del equilibrio, de todo lo referente a nuestra posición, a coordinar el movimiento.

La cóclea, con sus células de Corti, no sólo son capaces de discriminar sonidos, diferenciar entre graves y agudos, sino que además transforman esas vibraciones en energía eléctrica, que suministra directamente al cerebro. Es la encargada de “recargar al cerebro”, sus pilas. Cuando en situaciones experimentales de laboratorio se le priva a un sujeto de sonido, se le aísla en un silencio total, éste desespera y rápidamente solicita el fin del aislamiento, su cerebro pierde energía. La recarga energética del cerebro se produce en el oído.

Del oído interno parten terminaciones nerviosas, lo que se denomina el nervio vestibulococlear, está compuesto por el nervio coclear, que transporta la información sobre el sonido y el nervio vestibular, que transporta la información sobre el equilibrio, que van directamente al lóbulo frontal, y recorren todo el sistema nervioso central. Por esta razón la música tiene esa capacidad tan poderosa de animarlos o deprimirnos, y crea tantísimas emociones que forman parte de nuestros recuerdos y nuestra historia.

Por todas estas funciones podemos entender por qué “trabajando el oído” en la “terapia de la escucha” incidiremos sobre la psicomotricidad, el equilibrio, la lateralidad; seremos capaces de dinamizar, potenciar, estados de depresión, decaimientos; refozar la escucha, mejora la atención, ayudar a niños en sus procesos de aprendizaje; ayudar a reequilibrar la relación entre lo exterior y lo interior; potenciar la capacidad de aprender idiomas; incluso de ayudar a armonizar experiencias más profundas que vienen desde antes de nacer, cuando el único sentido que empezaba a percibir era el oído interno. La cóclea está encajada en el hueso temporal, y por esta razón, al ser una cavidad ósea se forma al principio, como el resto de estructura ósea a partir de la que se irá construyendo el niño.

Trabajar el oído no es la panacea a todos los males, el campo de influencia es más bien escaso, pero donde incide lo hace con profundidad, armonizando y equilibrando. Créannos funciona!